Siglo XIV.

 

Preocupaba mucho al rey de Aragón Jaime II la aplicación de estos bienes, que dependía únicamente de la decisión de la Santa Sede. Temía el rey, y no sin fundamento, que se agregasen a la Orden de San Juan de Jerusalén, cosa que no consideraba favorable para su corona.  Aún estaba nuestra península ocupada en muchas partes por el Islam, y las fronteras del reino de Valencia sufría sus incursiones. Profundamente preocupado el inteligente rey por esta situación, creyó sería lo más útil para su corona que con los bienes que en su tiempo poseyó la Orden de los Templarios, se fundara en el reino de Valencia una sola Orden Militar, y que sus caballeros defendiesen el territorio.

Para conseguir un objetivo de tanta importancia, el rey envió a Roma a don Vidal de Vilanova con amplísimos poderes, al que atendió el papa Juan XXII con noble acogida, y el 10 de junio de 1317 expidió la Bula "Ad Frutus Urberis" para la fundación de la nobilísima Orden de Nuestra Señora de Santa María de Montesa.

            En ella se establecía que los bienes que tenía en el reino de Valencia la Orden Militar del Templo de Salomón, unidos a los que tenía la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, fueran transferidas a la de Montesa, con excepción de la iglesia que la Orden del Hospital tenía en Valencia y su territorio, de aproximadamente media legua a la redonda, obligándose a atender el cuidado de las almas del mismo modo que lo estuvieron los Templarios y Hospitalarios en los períodos que lo poseyeron.

Castielfabib pasa a la orden de Montesa; Esta Orden conquistaría la Varonia de Castielfabib que abarcaba el territorio del Rincón de Ademuz.

 

1333

Relatos de historia

Marzo, año 1333

Alfonso IV el Benigno rey de Aragón y su esposa doña Leonor de Castilla en Castielfabib

Estando el rey Alfonso IV en Daroca, fue a él un caballero de parte de don Juan Manuel, suplicándole que se acercase a las fronteras del reino de Valencia, porque quería venir a visitarle y tratar de importantes asuntos que convenían a su Estado.

Era don Juan Manuel persona muy importante y poderosa en los reinos de Aragón y Castilla; hijo del infante don Manuel, nieto de Fernando III el Santo, y regente de Castilla durante la minoría de edad de Alfonso XI el Justiciero. Magnate enredador, turbulento, ambicioso como pocos, informal como nadie, amigo de pleitos y querellas como el primero, que pasó toda su vida, aparte de sus entretenimientos literarios, promoviendo cuestiones, apartándose de la obediencia de los reyes y desnaturalizándose de Castilla, para volver a poco afectuoso y sumiso, tornándose en seguida a sus rebeldías.  Recibida la misiva de don Juan Manuel, el rey hizo camino desde Daroca a Teruel, y el 6 de febrero dispuso celebrar la entrevista en Chelva, del reino de Valencia, pero después concreto que don Juan Manuel viniese a Castielfabib, del mismo reino, el día 3 de marzo.

Fueron a Castielfabib con el rey Alfonso, su esposa doña Leonor, hermana del monarca castellanoleonés Alfonso el Justiciero, don Jaime señor de Exérica y don Pedro su hermano, don Ramón Cornel, don Gonzalo Díaz de Arenós y don Bernardo de Sarriá. En la villa de Castielfabib esperaba don Juan Manuel a la Real comitiva. Lo que allí se trató fue la gran amistad y confederación entre ellos y que se hiciese matrimonio entre una hija de don Juan con el infante don Fernando, hijo del rey de Aragón. Y el rey de Aragón dio a don Juan Manuel el título de Príncipe de Villena, acatando que descendía de la Casa Real de Castilla, y del deudo tan propincuo que con él tenía, y ordenó que aquella villa y otros lugares que don Juan tenia dentro de los límites del reino de Valencia se llamasen Principados, y sus sucesores se intitulasen Príncipes de Villena: lo cual se concedió por Privilegio Real que se otorgó en Castielfabib, a siete del mes de marzo de dicho año 1333. Y don Juan Manuel hizo el reconocimiento del tenor siguiente:

Compromiso de don Juan Manuel de no acuñar moneda en las tierras suyas de la jurisdicción del Rey de Aragón.- Castielfabit, 7 marzo 1333.

"Sepan quantos esta carta vieren como yo Don Johan fijo del infante Don Manuel Adelantado mayor de la frontera e del regno de Murcia, otorgo e regonesco que como quier que vos el muy alto e muy noble senyor Don Alfonso por la gracia de Dios Rey de Aragón, de Valencia e de Serdenya e Córcega e Conde de Barcilona me hauedes fecho honra e gracia que me pudiese lammar e sea daquiadelant princep de Villena e de la otra tierra que yo he en el vuestro senyorio que mager vos esta gracia me fisiestes que yo ni ninguno de los que de mi vingan nos fagamos nin mandemos nin podamos facer ninguna moneda en la dicha nuestra tierra del vuestro senyorio. E porque esto sea firme e no venga en dubdo mande ende dar esta carta selladda con el mio seello de cera colgado que fue dada en Castielfabit siete duas de marzo era de mille e CCC e

asetenta y dos annos. Yo Alfonso Perec la escriví por mandado de Don Johan.

 

La negativa de don Juan Manuel y del altivo y osado don Juan Núñez de Lara, vasallos rebeldes del rey de Castilla, para concurrir con sus huestes en ayuda de la plaza de Gibraltar sitiada por los benimerines con la ayuda del rey de Granada, desataron las iras del rey Justiciero, que acudió con sus mesnadas a poner sitio a la fortaleza perdida. Después de dos meses de asedio hubo de levantar el sitio por falta de víveres, pactando con el rey de Granada una tregua, renunciando el rey castellano Gibraltar, a las parias y al vasallaje del granadino. Influyó en esta retirada la conducta de don Juan Manuel y la de don Juan Núñez de Lara, que privaron al rey de sus poderoso concurso, y contra ellos descargó el rey sus iras, por achacarles ser la causa de su derrota.

Don Juan Manuel deseaba la paz por miedo a las iras del rey, de quien temía grandes y terribles represalias a su vuelta de Andalucía. Por este hecho se arrimó de nuevo a su cuñado Alfonso IV de Aragón, a quien visitó en Castielfabib, y tanto el rey como su mujer le dieron confianza y le prometieron recomendar al cuñado y a su hermano, respectivamente, y ser medianeros entre él y el rey de Castilla.

El rey de Aragón y su esposa doña Leonor comunicaron enseguida al rey de Castilla la entrevista de Castielfabib y los buenos propósitos de don Juan Manuel; el obispo de Burgos que llevaba la representación de los reyes de Aragón, un emisario de don Juan Núñez que iba a presentarle la carta de desnaturamiento de sus Señor, y otro de don Juan Manuel, que iba a darle excusas por no haber ido al sitio de Gibraltar, hallaron al rey Alfonso XI que volvía de las tierras andaluzas en Ciudad Real: el obispo fue primeramente oído, y le fue dado en su respuesta, que por la necesidad de castigar a don Juan Núñez de Lara, no podía ir a ver a su hermana; al emisario de don Juan Núñez, mandó cortarlos pies, las manos y la cabeza, y los de don Juan Manuel, temerosos de la misma pena huyeron sin dejar la embajada.

 

 

A principios de siglo los hispanomusulmanes ocupaban ya una pequeña parte de la península, aunque seguían las guerras